Es increíble como la cultura de oralidad sigue vigente hasta nuestros días; aunque de una manera un poco diferente.
El viernes por la noche me junté con mis amigos en un bar.
Al llegar a este me percaté que en la mesa estaban sentados mi mejor amiga, su mejor amigo, la nueva galana de este, quien por cierto es la exnovia del exnovio de mi mejor amiga; el dichoso exnovio de mi amiga, su nueva novia y seis personas más que no conocía, pero que compartían este tipo de vinculación social.
Como era de suponer, el ambiente estaba tan tenso que se podía cortar con un cuchillo. A medida que el alcohol subió, la tensión tuvo el efecto contrario.
En un momento dado, mi mejor amiga me pidió que la acompañara afuera; quería platicar.
Fue precisamente a partir de este momento que comencé a relacionar varias cosas (en especial la narración de mi amiga) con la cultura de oralidad.
Mi amiga no se encontraba en un estado en el que pudiera hablar muy propiamente o en el que pudiera estructurar frases o ideas dignas de un premio Nobel. Se encontraba tan molesta que las ideas brotaban de su boca al mundo exterior, sin análisis previo; tal cual le venía a la mente, tal cual lo decía. Todas aquellas frases las hilaba por el nexo “y”; repetía una y otra vez las mismas ideas y frases, constantemente cambiaba el todo de voz; cuando realmente lo subía era porque quería llamar mi atención o poner un mayor énfasis en lo que estaba diciendo. De repente me contaba sucesos sorprendentes; historias que provocaba en mi una reacción o una respuesta verbal que contribuía a lo que ella me estaba contando.
Al relatarme la última parte de su historia, hacía referencia a tres de las seis personas que se encontraban ahí y que yo no conocía.
Me dio los nombres y las características de cada uno; aún así no los podía recordar.
Para poderlos ubicar, utilicé el arte de la memoria; visualicé el lugar, donde se encontraban las personas conocidas y donde las desconocidas; mi amiga me fue guiando con esto. Me decía: al lado de Juan había una niña ¿Si te acuerdas? Bueno, esa era Mariana, la exnovia del niño que estaba hasta el final de la mesa.
Así, poco a poco me fue guiando hasta que identificaba a la perfección a cada uno. Con esto, terminó su historia y regresamos a la mesa.
Al reunirnos con las otras personas, el exnovio de mi mejor amiga comenzó a narrar un suceso, a medida que avanzaba en su historia, mi amiga y yo nos dimos cuenta que había tenido el descaro de platicar algo que a ella le había ocurrido y adaptarlo como si a el le hubiera pasado. Nutría esta historia con chistes y demás cosas para conservar nuestra atención.
Esta reunión en general, me hizo percatarme que la cultura de oralidad existe aún hoy en día, y nos involucra a todos tanto a ti como a mi; sin embargo, nadie le da la importancia que solía y que debería tener.
Por. Ana Mazù Camou
16:30
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1 comentarios:
ana mazu? la dobla tapetes quie se muere de hambre? XD
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